Perder el Cafta costaría a Nicaragua más de 1500 millones de dólares anuales

Excluir a Nicaragua del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica (DR-Cafta) —como solicitan senadores estadounidenses ante la deriva dictatorial de Daniel Ortega— afectaría las exportaciones, el empleo, la actividad económica, la recaudación de impuestos… y las cotizaciones al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Los senadores Marco Rubio, Jim Risch, Patrick Leahy, John Cornyn, Dick Durbin, Todd Young y Bill Cassidy, enviaron la semana pasada una carta al presidente de su país, Joe Biden, pidiéndole, entre otras cosas, “revisar la participación continua de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio”, lo que encarecería el costo de las empresas nicaragüenses para exportar a ese país. Si eso pasara “siempre podríamos vender en Estados Unidos, pero con altos aranceles”, aclaró José Ángel Buitrago, que como directivo de la Asociación de Exportadores de Café de Nicaragua (Excan) conoce el funcionamiento del comercio internacional. “Tendríamos que buscar nuevos mercados para nuestros productos”, dijo preguntándose si Venezuela, Cuba, China o Rusia podrían ser esos nuevos destinos.

Un economista que trabaja para una entidad que produce alimentos, y solicita reservar su identidad para evitar represalias, advirtió que el Gobierno podría ver la pérdida de las ventajas arancelarias que da el Cafta, como una oportunidad para chantajear a los empresarios. “El Cafta puede verse como un mercado de bienes finales, pero también como un proveedor de materias primas que se importan desde Estados Unidos, libres de aranceles. Si se suspende, la decisión de mantenerlos en cero, o retornar a los aranceles generales quedaría discrecionalmente en manos de las autoridades nicaragüenses”, señaló. A modo de ejemplo, dijo que un producto que pague 20% para entrar al país proveniente de cualquier parte del mundo, paga una tasa cero si se trae de Estados Unidos. Si nos sacan del Cafta, se encarecerían todas las importaciones, incluyendo las materias primas e insumos, ante lo cual el Gobierno podría dejarlo así, o aplicarle impuestos pensando en recaudar más, aunque este escenario aumentaría el costo de las materias primas que se usan para producir. “El Gobierno también podría chantajear a los empresarios, ofreciéndoles mantener las ventajas perdidas en el Cafta, a cambio de su apoyo expreso, o al menos, de que regresen al esquema de ‘ustedes produzcan y hagan negocios, y déjenme a mí gobernar’, pero no veo a los empresarios aceptando esos condicionamientos”, precisó. El economista narró a CONFIDENCIAL que entre sus colegas extranjeros hay preocupación, porque “hasta la semana pasada, la posibilidad de que nos excluyeran era un rumor, un argumento sin indicio de dar inicio a un proceso, pero eso cambió con el proyecto de María Elvira Salazar, e implica un cambio radical”. Se refiere a la ‘Ley bipartidista de Revisión del Libre Comercio de Nicaragua’, que ya está en tubería igual que la Ley Renacer, y que, de aprobarse, incrementarían los riesgos asociados a hacer negocios en y con Nicaragua, y profundiza las decisiones de no invertir.

No es fácil perder el Cafta

La consecuencia de quedarnos huérfanos del Cafta “no es que dejemos de vender a Estados Unidos, sino que las empresas tendrán un mayor costo para exportar”, dijo la experta que participó en las negociaciones del TLC, defendiendo la tesis de que, aun si quisiera hacerlo, la Administración de Joe Biden no tendría tan fácil sacar a Nicaragua de ese acuerdo multilateral. “El Cafta es un acuerdo meramente comercial; no existe ninguna medida a la luz del acuerdo, o de lo que está firmado, por el que Estados Unidos pueda decir que ‘excluye a Nicaragua, porque el país está fallando en materia de democracia’, aunque los Estados están en libertad de ‘denunciar’ el Tratado”, explicó la experta. El problema es que, si Estados Unidos quiere excluir a Nicaragua, debe ‘denunciar’ el Cafta, pero al hacerlo, estaría excluyendo a los siete firmantes, por lo que ese procedimiento no es tan fácil, sin obviar que, aun si el país se quedara sin las ventajas arancelarias y de acceso a esos mercados, todavía quedaría la opción de denunciar a la Administración estadounidense ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Fuente: confidencial.com.ni

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