El Niño golpeará el crecimiento, el empleo y generará pobreza
Sequías, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos extremos plantean un desafío que va más allá del ambiente: también pueden golpear la economía y profundizar la pobreza. Ante este escenario, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) propone una serie de medidas para que América Latina y el Caribe reduzca su vulnerabilidad y se prepare mejor para los efectos del cambio climático. Estas son 10 recomendaciones clave. Las autoridades deben dejar de tratar a El Niño como una emergencia aislada y, ante las tendencias en las emisiones de gases de efecto invernadero actuales, asumir el riesgo climático como un criterio permanente en la planificación nacional. Esto implica que los marcos normativos de sectores clave, como el energético, el hídrico, el pesquero y el agrícola, deben actualizarse para responder no solo a la variabilidad natural, sino a la amplificación de fenómenos extremos causada por el calentamiento global. Es crítico destinar recursos a la protección física de activos estratégicos, como centrales hidroeléctricas y líneas de transmisión, que enfrentan riesgos de sequías e incendios. Los sistemas de alerta temprana permiten una gestión anticipatoria que, en el sector agrícola, facilita el ajuste de fechas de siembra o la distribución de semillas resistentes antes de que se pierdan las cosechas. Dado que un fenómeno extremo puede provocar una pérdida acumulada del 2% del PIB regional y un deterioro del balance primario de los países, se requieren herramientas de financiamiento contingente. Las políticas deben proteger los medios de vida en zonas críticas como el Corredor Seco Centroamericano y las comunidades pesqueras del Pacífico. Para ello es preciso fortalecer la infraestructura ante inundaciones y asegurar que las cadenas de suministro de alimentos no colapsen por las anomalías térmicas y pluviales que afectan la productividad. (LH 22.09.26)
