El precio de las viviendas en El Salvador se duplica en la última década
El precio de las viviendas en El Salvador se duplicó en una década. Según datos del Centro Nacional de Registros (CNR), el metro cuadrado pasó de $124 en 2016 a $276 en 2026, un incremento que no solo se refleja en las estadísticas, sino también en la experiencia cotidiana de quienes viven en colonias populares de Soyapango y Apopa. Durante la feria Expobienes El Salvador 2026, el director del CNR, Camilo Trigueros, presentó cifras que ilustran la magnitud del fenómeno: en 2025, las transacciones de inmuebles —compraventas, donaciones y herencias— crecieron un 2% y alcanzaron un valor de $4,212 millones. Departamentos como Cabañas, Morazán, San Vicente y Cuscatlán registran los mayores incrementos en la demanda de trámites registrales. En Popotlán, los residentes señalan que las casas que antes rondaban los $15,000 o $18,000 hoy se ofrecen entre $65,000 y $90,000, aunque muchos consideran que los precios no corresponden al tamaño ni a las condiciones reales de las viviendas. «No todas las casas valen lo que piden, aunque estén arregladas», comentó una habitante de la zona con casi 30 años de vivir en la colonia. En Sierra Morena, un residente con más de dos décadas la zona aseguró que ya no se ven casas en venta ni en alquiler, y que los precios suben «de la noche a la mañana». Atribuye el fenómeno principalmente a la mejora en seguridad, pero advierte que el más afectado es quien menos tiene. «Antes todo tenía una medida», dijo, comparando la situación con el centro histórico de San Salvador, donde locales que nadie quería rentar ahora superan los $1,000 mensuales. Los alquileres también reflejan el cambio. Vecinos de estas colonias recuerdan que antes pagaban entre $50 y $60 mensuales; hoy los precios que piden los propietarios oscilan entre $200 y $250. Más allá del alza de precios, los habitantes consultados señalan un obstáculo adicional: el acceso al crédito. El Fondo Social para la Vivienda (FSV) no siempre financia el valor total de una propiedad, lo que obliga a los compradores a cubrir la diferencia con ahorros propios. Para quienes trabajan en la economía informal —sin seguro social ni cotizaciones al AFP— el acceso a financiamiento es prácticamente imposible. (eleconomista.net 18.05.26)
